Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca Uruguay Digital

Uruguay Agrointeligente: los desafíos para un desarrollo sostenible

20/02/2018

Uruguay es un país proveedor de alimentos de alta calidad para el mundo. Somos tres millones de personas y exportamos alimentos para 28 millones. La estrategia productiva se proyecta en que el país pueda duplicar su producción y alcanzar alimentar a 50 millones.

Para Uruguay la exportación de productos agroindustriales es una necesidad. El país produce para el mercado externo, a diferencia de la mayoría de los países que venden sus excedentes de producción.

El sector agropecuario exporta a más de 140 mercados del mundo y es responsabilidad del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca ser garante de los aspectos sanitarios que los países establecen en sus protocolos. El país tiene un excelente estatus sanitario de reconocimiento mundial y esta fortaleza se logra gracias a una política sanitaria fuerte y un efciente sistema de vigilancia epidemiológica. La gran apuesta es garantizar la inocuidad de los productos para lograr la diferenciación en los mercados.

Las condiciones geográficas naturales de Uruguay son óptimas para desarrollar la estrategia productiva que proyecta el MGAP. Uruguay tiene 17 millones de hectáreas, con una superfcie cultivada de 1,5 millones de hectáreas. El campo natural ocupa el 70% de la superfcie explotada en Uruguay y constituye la base de la producción ganadera del país. Las pasturas naturales alimentan en la actualidad a 12 millones de vacunos.

La estrategia es clara, necesaria y de sentido común. Esto es producir más y mejor en sintonía con el ambiente, adaptados al cambio climático que incide en la producción, apoyados por la innovación tecnológica y con inclusión de todos los productores a las cadenas de valor.

Lo estamos haciendo con un fuerte compromiso. Generando confianza que pone foco en el consumidor fnal que lee una etiqueta en un supermercado e intenta investigar la procedencia de un producto. Cuán inocuo es, cómo fue producido, bajo qué normativas laborales, etc. La gestión ambiental es clave y agrega valor a la producción.

Apostamos a la confanza del consumidor fnal en la calidad de nuestros productos. Trabajamos para ello en cuestiones medioambientales, como la conservación de suelos, la calidad del agua y el uso responsable de agroquímicos.

Mientras que a nivel mundial la agricultura explica el 13% de las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero), en Uruguay la agricultura representa el 80% de las emisiones nacionales. Esto muestra la relevancia de la agricultura en nuestra economía. Somos un país de 3 millones de personas, con doce millones de vacas y mantenemos el 65% de nuestra tierra como pastizales naturales, con una rica biodiversidad.

Enfrentar los desafíos del cambio climático en la agricultura nos ha preocupado y se refleja en las políticas públicas implementadas desde el inicio de nuestra Administración, en 2010, en coordinación con el Sistema Nacional de Respuesta al Cambio Climático, presidido por el Ministerio de Medio Ambiente.

La palabra sustentable es clave para toda la estrategia. Debemos producir pensando en qué vamos a dejarles a nuestros nietos. Las políticas ambientales que impulsa el MGAP incluyen la conservación del suelo, el manejo de pastizales naturales, la gestión del agua, el desarrollo del riego, las alertas tempranas, la conservación de la biodiversidad, la gestión forestal sostenible con énfasis en crecimiento del bosque nativo y los sistemas de apoyo para el aterrizaje de estas políticas. Intensifcar más la producción de manera sostenible a nivel económico, social y ambiental.

Como otros exportadores de productos agropecuarios, Uruguay desempeña un papel clave que contribuye a la seguridad alimentaria mundial y para seguir haciéndolo debemos proteger nuestros sistemas agrícolas de los efectos adversos del cambio climático. Con fnanciamiento externo se trabajó en la adaptación de los productores ganaderos familiares en la construcción de fuentes de agua y sombra para los animales y se impulsó el riego en distintos sistemas productivos.

Tenemos que dejar de ser un país que espera el agua para ser un país que la almacena y distribuye. El agua entendida como un insumo para producir y no como un factor que dependa del clima.

Uruguay ha estado trabajando en la construcción de su política climática en agricultura y ganadería, que se basa en la búsqueda de cobenefcios. Los ejemplos más sobresalientes de estos benefcios colaterales son el manejo de pastizales naturales, donde podemos aumentar la productividad al mismo tiempo que desarrollamos capacidad de adaptación y reducimos la intensidad de las emisiones.

Estamos implementando una política de conservación del suelo: mientras que el 50% de los suelos del mundo se erosionan, Uruguay se enorgullece de ser el único país del mundo que regula la conservación de suelos con una política pública y requiere la aplicación de la ecuación universal de pérdidas de suelo. Aplica de forma obligatoria un plan nacional de conservación de suelos desde el año 2013 que junto a la técnica que utiliza la siembra directa para cultivos permite reducir la erosión de la tierra en un 80%. El 95% del territorio agrícola del país hoy está regulado por los planes de uso de suelos.

Estamos contentos de haber sido invitados por el ministro de Agricultura de Francia para presentar nuestra política de conservación de suelos en el lanzamiento de la iniciativa 4 por 1000 en la COP21, a la cual nos unimos temprano. Mientras prevenimos la erosión, mantenemos el carbono del suelo en su lugar original: ¡el suelo!

La inspiración de nuestras políticas es lo que llamamos el “triple triunfo”: mayor productividad, más resiliencia y menos intensidad de emisiones. El secuestro de carbono en los suelos también puede desempeñar un papel en la compensación de las emisiones, así como en la construcción de la resiliencia y la productividad.

En este contexto, Uruguay ha ratificado el Acuerdo de París. Nuestra contribución nacional al cambio climático en los sistemas alimentarios se deriva de las políticas de intensifcación sostenible que hemos estado implementando en los últimos siete años. Nuestros NDC no pueden ser un obstáculo para el crecimiento productivo ni una “carga pesada” para los agricultores. Es exactamente lo opuesto: las medidas de cambio climático deberían conducir a una mayor productividad y deberían ayudarnos a ser mejores proveedores de alimentos a nivel mundial.

A dónde va la agricultura es lo que a nivel del MGAP nos preguntamos en 2010, cuando reconocimos que la tendencia del aumento de la población, hasta 9.600 millones de personas en 2050, era una oportunidad para el desarrollo del país.

El desarrollo no es solo un aumento de la producción, sino también la sostenibilidad ambiental y la inclusión social. Somos un país de agricultura para el comercio y el comercio desempeña un papel importante para la seguridad alimentaria. Nuestro objetivo es exportar alimentos a los consumidores que son más exigentes en términos de calidad de los alimentos, seguridad alimentaria y bajo impacto ambiental.

También tenemos que decir que nos preocupan las posibles barreras “climáticas” al comercio, en particular las que no provienen de acuerdos internacionales o carecen de fundamento científco. Trabajamos para atender los requisitos de consumidores más informados y exigentes. Es por ello que nuestro eslogan es “empaquetamos la naturaleza, vendemos confanza”.

Reconociendo la existencia de marcados ciclos económicos, debemos saber la capacidad de soporte/aporte de nuestros sistemas micro económicos (empresas) al conjunto de la economía. Porque no siempre puede enfrentar ciclos de precios bajos, con procesos de inflación en dólares que condicionan la continuidad de la inversión.

El Uruguay exporta la mayor parte de su producción. Explica el 78% de las exportaciones, el 25% del PBI con todos sus servicios asociados, y el 17% de la ocupación de la población económicamente activa. Pero sobre todo, tiene capacidad de abastecer la creciente demanda mundial de alimentos y fibras.

Por eso debemos permitirnos visualizar estrategias para futuros escenarios, con una perspectiva de mediano y largo plazo.

Es clara la necesidad de profundizar la inserción internacional, la diversifcación, la diferenciación, inversión, capacitación y productividad con sostenibilidad que derive en un círculo virtuoso de desarrollo.