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Uruguay rumbo a una estrategia nacional en bioeconomía

21/02/2018

Integrar un proyecto global sobre bioeconomía “sirve mucho” a Uruguay, explica la economista Mariela Buonomo, punto focal en ese ámbito.

Desde octubre, Uruguay trabaja para elaborar una estrategia nacional en bioeconomía. Por lo tanto, participa con gran interés, a través del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP), de un grupo de trabajo internacional dedicado a ese ámbito, junto a otros 24 países, organizaciones, universidades y bloques regionales.

El grupo, que se vuelve a reunir en marzo, es uno de los primeros resultados de un proyecto global liderado por la FAO y financiado por el Ministerio para la Alimentación y la Agricultura de Alemania, llamado “Hacia la elaboración de directrices sobre una bioeconomía sostenible”.

El MGAP de Uruguay tiene un acuerdo de cooperación con su par alemán desde 2015. En febrero de 2017 se modificó ese acuerdo para agregarle un tema más: la bioeconomía, un ámbito en el que Alemania es pionero a nivel internacional, y en el cual cuenta con la asesoría técnica de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Por ese motivo es que el Ministro Federal alemán Christian Schmidt, par del entonces ministro Tabaré Aguerre, invitó a Uruguay a sumarse a este proyecto de FAO, algo que ocurrió en julio de 2017.

Este plan de trabajo global se encuentra ya en su segunda fase y busca elaborar directrices que ayuden a los países y a los operadores bioeconómicos a desarrollar y ejecutar estrategias, políticas y programas nacionales y regionales sobre bioeconomía.

Por eso, la invitación a sumarse no podía venir mejor, en un momento en que Uruguay comenzaba a avanzar para dotarse de una estrategia nacional en esa área.

¿Qué es la bioeconomía?

La bioeconomía es vista como una herramienta para alcanzar una economía sostenible, involucra los sectores de la economía que utilizan recursos biológicos renovables (plantas, animales, microorganismos).

Su fin es producir más alimentos y fibras para los humanos, reemplazar los combustibles fósiles, y producir otros productos de origen biológico incluyendo -pero no limitándose a- los de alta tecnología, como nuevas vacunas, biopesticidas, bioplásticos, fibras y nano materiales.

El carácter transversal de este conjunto de actividades económicas ofrece la oportunidad de abordar ampliamente problemas sociales conectados entre sí, como la seguridad alimentaria, la escasez de recursos naturales, la dependencia de los recursos fósiles y el cambio climático.

hecho, la FAO considera que este proyecto participa del cumplimiento de por lo menos 11 de los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas para 2030.

“La bioeconomía da soporte a la producción sostenible y al uso de recursos renovables en la agricultura, la producción animal, la silvicultura y la pesca porque sus productos son las principales fuentes de materias primas para una economía de base biológica”, aclara el punto focal del proyecto de la FAO en Uruguay, Mariela Buonomo.

Buonomo es economista, y trabaja en la Unidad de Sostenibilidad y Cambio Climático de la Oficina de Programación y Políticas Agropecuarias, OPYPA, del MGAP.

Ella concurrió a Roma en octubre pasado en representación de Uruguay, cuando el país participó por primera vez de una actividad del Grupo de Trabajo Internacional sobre Bioeconomía Sostenible (International Sustainable Bioeconomy Working Group – ISBWG).

En esa instancia, también concurrieron por primera vez los representantes de China y Brasil.

El proyecto, que debe culminar en agosto de 2020 con la presentación de las directrices globales para bioeconomía, avanza en recopilar ejemplos de buenas prácticas y su próximo paso es acordar indicadores que permitan evaluar el sector.

Para ello, la FAO convocó a una nueva reunión del Grupo de Trabajo Internacional sobre Bioeconomía Sostenible en marzo.

Según relató Buonomo, países como Alemania están avanzados en bioeconomía, por considerarla una oportunidad estratégica para procesar un cambio de paradigma.

Ese cambio consiste en pasar de una economía basada en energías fósiles y no sostenibles por sus impactos ambientales, a una nueva economía de bases biológicas y sostenibles en términos ambientales, sociales y económicos.

Una de las lecciones aprendidas del proceso alemán es que los indicadores de avance deben ser definidos antes de formular la estrategia. Por lo tanto, el Grupo de Trabajo busca en definirlos a nivel global.

En la primera fase de este proyecto de la FAO se acordaron diez principios y criterios para definir la Bioeconomía Sostenible.

Estos establecen que debe apoyar la seguridad alimentaria; preservar recursos naturales; fomentar un crecimiento económico inclusivo y competitivo; cuidar de la salud y la resiliencia de las comunidades y los ecosistemas.

Basarse en un uso eficiente de los recursos y de la biomasa es otro de los principios que definen este tipo de bioeconomía, así como el apoyarse en mecanismos responsables y efectivos de Gobernanza; nutrirse de las experiencias, de las buenas prácticas y del conocimiento disponibles; y promover la innovación y la investigación.

También se acordó que para ser considerada como tal, es necesario que la bioeconomía promueva prácticas comerciales y mercados sostenibles; y por último, debe orientar la demanda de la sociedad e incentivar el consumo sostenible basado en biomasa, que tiene la energía proveniente del sol y la fotosíntesis como elementos básicos.

Una participación clave

El MGAP pudo establecer que “la producción agropecuaria uruguaya ya integra una bioeconomía sostenible: desde hace tiempo hay una parte importante de la producción agropecuaria de Uruguay que se puede calificar como tal, no es que Uruguay comience de cero”, explica Buonomo.

Varios proyectos implementados por el MGAP cumplen con los criterios establecidos por la FAO y los países integrantes del Grupo de Trabajo, además, la mayoría de esas iniciativas fueron implementadas por el Ministerio en el marco de una de sus líneas estratégicas llamada Intensificación Sostenible de la Producción.

La ganadería sostenible en base a campo natural y sus beneficios en adaptación al cambio climático, mitigación de emisiones de gases de efectos invernadero y cuidado de la biodiversidad, así como la agricultura bajo planes de uso y manejo de suelos, son dos ejemplos notables de aplicación de la bioeconomía en Uruguay.

La participación en el grupo de trabajo y en el proyecto en general le permite a Uruguay conocer la experiencia de todos los miembros, le da la posibilidad de identificar medidas, políticas y acciones previas que pueden integrarse a la estrategia de bioeconomía.

Además, Uruguay puede así seguir los avances de los demás países y conocer su logros y dificultades con los que se van encontrando en el proceso, explica la economista uruguaya.

Respecto al valor que tiene la participación uruguaya al Grupo de Trabajo coordinado por la FAO y apoyado por el Ministerio alemán de Alimentación, Buonomo asegura que “cuando uno se sienta con una hoja en blanco que sólo dice ‘estrategia nacional en bioeconomía’, sirve mucho: si otro país está en el tercer paso, podemos saber cuáles fueron los dos primeros que dio”.

Debido a que está comenzando a pensar su estrategia nacional, se maneja la posibilidad de que Uruguay sea un país piloto a la hora de aplicar los criterios y principios mencionados anteriormente.

Esto, con el fin de ajustar luego las directrices finales antes de su aprobación, en función de la experiencia uruguaya, entre otras. Sin embargo, esta etapa –la de aplicación en países piloto- no estaba contemplada en el proyecto inicial, por lo que aún no se ha presupuestado. 

Además, recuerda Buonomo, Uruguay es visto como un ejemplo en temas de adaptación y mitigación del cambio climático, por ejemplo debido a sus avances en el Plan Nacional de Adaptación, que se lleva adelante con apoyo de la FAO, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), y del Gobierno alemán.

Ese es uno de los principales aportes que puede hacer el país a este proyecto, además de la seriedad y predictibilidad que lo caracteriza a nivel internacional.

Sin embargo, esta es tan solo una parte de lo que realiza Uruguay para hacer crecer su bioeconomía.

“Lo fundamental en esta etapa es definir con claridad los objetivos de una estrategia de Bioeconomía en Uruguay, los grandes lineamientos y en qué va a consistir, así como generar un grupo de trabajo interinstitucional, órgano de gobernanza para la estrategia. Para lograrlo van a ser necesarios varios meses de trabajo”, acota Buonomo.

De momento, se realiza un mapeo de lo que ya se hizo y de las herramientas con las que cuenta el país para avanzar.

A futuro será necesaria una coordinación institucional, que, si bien está siendo liderada por el MGAP y su acuerdo de Cooperación, deberá involucrar a otras dependencias del Estado.

Para eso, Uruguay puede contar con la asistencia técnica y los conocimientos de la FAO en esa materia.