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AASOL: una organización diversa, que busca crecer y prepararse para la comercialización

20/12/2019

La Asociación de Apoyo a la Salud Oeste de Lavalleja (AASOL) nació en el 2014. Fue creada por vecinos de Villa del Rosario para gestionar una ambulancia que fue donada por la Embajada de Japón y es co-gestionada con la Intendencia de Lavalleja y Asse.

La mayoría de los vecinos de Villa del Rosario son productores familiares. AASOL tiene dos grandes objetivos: el acceso a la salud, desde una perspectiva integral; y el fortalecimiento de la agricultura familiar. En la línea del fortalecimiento de la agricultura familiar, desde AASOL se intenta facilitar la información y por ello la organización participa activamente de la Mesa de Desarrollo Rural de Lavalleja: “allí nos enteramos de los llamados abiertos y a partir de allí se fueron armando diferentes grupos productivos, invitando a los productores de la zona a participar, ya sea para mejorar la infraestructura de los establecimientos, para comprar más animales o para generar estrategias de comercialización en conjunto”, dice Carla Laens, técnica de la organización. Carla tiene 29 años, vive en Lavalleja pero parte de su vida la pasó en Lagomar y también vivió en Montevideo. Su familia paterna es de Lavalleja y ella está en un predio familiar, con idea de construir su casa. Al medio rural la une el “deseo de trabajar la tierra. (...) estar más vinculada, en contacto con la tierra y la producción familiar”. “Yo hace tiempo tenía ganas de trabajar con productores familiares y entendía que tenía que estar radicada en el medio rural”, cuenta.

 

La diversidad de AASOL

En AASOL funcionan varios grupos: uno hortícola, conformado por 15 familias; un grupo ovino integrado por seis varones; un grupo de cabras, que son 10 familias; y un grupo avícola conformado por cinco mujeres. En estos momentos también se está formando un grupo de mujeres para presentarse a la convocatoria “Somos Mujeres Rurales 3era edición”. Además se realiza el acompañamiento al grupo de jóvenes “Los Orejanos”, que se presentaron al llamado “Somos de Acá” y también se los acompañó cuando se postularon al llamado “Tierra para Jóvenes”, del Instituto Nacional de Colonización.

Carla cuenta que en el grupo hortícola hay una diversidad de productores. Allí funcionan varios subgrupos, como “Las libélulas”, que es un grupo de jóvenes que hace más de un año que dejaron Montevideo para instalarse en el medio rural y dedicarse a la horticultura. “Todos han sido beneficiaros de estas políticas, ya sea para fortalecer la infraestructura, montar un invernáculo, un sombráculo... se van a hacer secaderos”, cuenta Carla.

Según la joven técnica, la mayoría de estos productores se integran por primera vez a una organización: “Villa del Rosario es un lugar donde se concentran muchos agricultores familiares y no había presencia de una organización que estuviera trabajando con ellos; por algo estamos teniendo un acercamiento de tanta gente en poco tiempo”, dice. Sostiene que “se busca tener cierta apertura a responder a las necesidades que hay en el territorio”. También habla de la diversidad de la producción de la zona. Cuenta que algunos están más cercanos a una forma de producción más convencional y otros se dedican a la producción orgánica o agroecológica. “La idea es que se enriquezcan mutuamente las diferentes formas de producir, entonces nos parece importante generar instancias de intercambio para compartir experiencias y ver qué se puede aprender del otro”, dice.

AASOL lleva adelante un Proyecto de Fortalecimiento Organizacional (PFO) y varios proyectos de “Más inclusión para el desarrollo rural”, en el marco de Proyecto Piloto de Inclusión Rural (PPIR).

A nivel nacional, de 2016 a 2019 se ejecutaron 188 proyectos de “Más inclusión para el desarrollo rural”, 119 productivos y 69 sociales, que involucraron a más de 2.600 familias. El financiamiento fue de 94.163.500 pesos.

 

La sede

En el mes de agosto, AASOL firmó un comodato con el Ministerio del Interior, por el que se les cedió un espacio en un terreno para construir la sede de la organización. Según Carla, con un proyecto de fortalecimiento organizacional se compraron contenedores. Uno funciona como oficina y espacio de reunión y el otro se proyecta como espacio multiuso. A su vez, allí se construyeron tres corrales, donde recientemente se realizó un curso de doma india y anteriormente un curso de alambrado, que tenía como propósito cercar el perímetro.

 

Las necesidades de los productores

Según la joven técnica, en los grupos de productores “hay mucha necesidad de generar capacitaciones... ellos la demandan... Hay una necesidad grande de aprender de las experiencias, y ellos siempre están queriendo mejorar sus instalaciones, sus infraestructuras”. Por poner un ejemplo, para el llamado “Más Agua para el desarrollo rural”, AASOL acompañó la postulación de 25 productores.

“Buscamos facilitar la participación... circulando información de las diferentes convocatorias abiertas y hacemos reuniones de los diferentes proyectos, además del asesoramiento técnico a nivel predial”, dice la joven.

 

La comercialización

Uno de los temas de preocupación es la comercialización. Según Carla, en general “no hay mucha cultura de comercializar de forma asociada, colectiva. Como por lo general se busca colocar sus productos de forma personal, uno entra en desventaja en el mercado. Es un tema bien difícil y un nudo importante para trabajar, que lo tenemos bien presente”. Carla entiende que “también hay mucho desconocimiento de cuáles podrían ser formas alternativas de comercializar”. Para la joven una de las posibilidades es caminar hacia las ventas al Estado, organizar mucho más la producción pensando en la comercialización: “Entendemos que es una posibilidad, como también la idea de generar canastas de alimentos”, dice.

En estos momentos hay poco más de 50 familias vinculadas a AASOL, pero, según la joven, ese es un número bastante dinámico porque cada vez que surge un nuevo llamado se acercan nuevas personas. Por otro lado también hay casos de personas que participan de algún proyecto en particular pero no participan activamente de la asociación.

 

Los sueños

En la sede el sueño es dar uso al corral redondo. Allí se proyecta hacer equino-terapia. Según Carla, hay que buscar la manera de financiarla, de manera que sea una actividad gratuita para las personas que la necesiten. Otro de los sueños es concretar alguna estrategia de comercialización conjunta. También se espera que el grupo de jóvenes acceda a la tierra de Colonización: “Que eso les genere experiencia para más adelante poder presentarse a otros llamados”, dice la técnica. En definitiva, según la joven, se trata de “fortalecer la agricultura familiar en todas sus dimensiones”. A la asociación también le importa propiciar espacios para mujeres: “Esperemos que de acá a un tiempo esas experiencias se hayan consolidado. (...) Hoy en día se está sintiendo la necesidad de volver a la tierra. Muchos jóvenes nos encontramos en esa situación. Ojalá se puedan seguir dando esas posibilidades a futuro”, concluye Carla.