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Microcrédito Rural: una herramienta financiera para el desarrollo rural inclusivo

31/05/2017

Como todos los años, se realizó una jornada de capacitación con los analistas del Microcrédito Rural. El objetivo fue intercambiar ideas y experiencias de trabajo. El Microcrédito Rural es una herramienta financiera que depende del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca y administra Fundasol. Existen tres líneas de crédito: productivos, para refacción de viviendas y de libre disponibilidad. Son créditos con muy poco interés, pensados para los pobladores rurales de bajos ingresos. Acceder al microcrédito rural ha cambiado la vida de mucha gente en el campo. Compartimos algunas historias, relatadas por los propios analistas.

Crece desde el pie

Eriton Cevey trabaja en Fundasol como analista de los Microcréditos Rurales desde el año 2000. Lo hace en la zona centro-este del departamento de Rivera. Cuenta que el Microcrédito es una herramienta de muy bajo interés, que sirve “para ayudar a la población para que tenga su propia microempresa, o para comprar algo para la casa para la gente más humilde que no puede acceder a un crédito en los bancos”. Comenta que debe andar en los mil créditos dados en la zona rural y que la gente responde, que no tiene deudores: “lo importante para ellos es cumplir y que la cartera no caiga”, dice.

El analista comparte la historia de uno de los créditos que trabajó: “Es una persona inválida que quería tener su propia fuente de trabajo, pero no encontraba la forma. Un día fui a visitarlo y le planteé lo de los microcréditos. Le pregunté si no quería preparar un triciclo para hacer publicidad callejera. Él tenía una pensión. Hoy por hoy es el único en Vichadero que está haciendo eso, con su propia fuente de trabajo. Ha sacado varios créditos y lentamente la empresita va creciendo. Hoy tiene otra forma de vida. Usted lo ve y él mismo anda por todo el pueblo recorriendo, haciendo la publicidad en su propio triciclo. Y todo lo comenzó con el microcrédito rural. Le cambió la vida. Él está muy agradecido por la herramienta que le ofrecimos”.

 

Para pobladores rurales de bajos ingresos

Estela de los Santos vive en San Gregorio de Polanco, en el departamento de Tacuarembó. Es analista de Microcrédito Rural hace nueve años. Se encarga de recorrer nueve zonas rurales en Tacuarembó y dos zonas rurales en el departamento de Durazno. Para hacerlo, debe cruzar el Río Negro en balsa. Según ella, esta herramienta financiera “quiere llegar a los pobladores rurales de muy bajos ingresos”. “Es un crédito con muy bajo interés, para ayudar a las familias, tanto productivas, como a un ama de casa, una madre soltera, un jubilado, un pensionista… que puedan con esta herramienta satisfacer necesidades básicas”, señala. Cuenta que por lo general se realiza la difusión de la herramienta a través de los medios de prensa o por el boca a boca, a través de las escuelas rurales u organizaciones sociales. Para acceder al crédito hay que ser mayor de 18 años, tener la cédula de identidad vigente y hacerse conocer por los referentes locales. Los referentes locales forman el Comité de Crédito Rural. El Microcrédito Rural es demandado por una gran variedad de personas: “está el comerciante, el peluquero, el carpintero, el productor rural que lo pide tanto para comprar ganado como para hacer un invernáculo. Es una gama muy grande”. A su vez está el crédito de libre disponibilidad, que es para gastos del hogar: “lo pueden usar en lo que quieran, por ejemplo, ropa para los gurises en época de clases”. También está el crédito para refacción de viviendas.

 

Cumplir las necesidades de la familia rural

Graciela Rocha es analista en Canelones, parte de Florida y parte de Lavalleja. En octubre va a hacer 10 años que trabaja con el Microcrédito Rural. Empezó trabajando con siete localidades y hoy tiene 18 localidades a su cargo. La mayoría de los créditos que maneja son productivos: “para hacer una plantación, para comprar un animal, para un tambo, un criadero…”. Cuenta que si bien se van sumando nuevas personas que reciben el crédito, generalmente los usuarios son los mismos: “hay mucha gente que ya va por los diez o doce créditos”. También se suman los hijos de productores que ya han recibido crédito, cuando cumplen la mayoría de edad.

Graciela también comparte la historia de uno de los créditos que ofreció: “Recuerdo el de una familia que se dedicaba a la horticultura, principalmente tomates. Sacaron el crédito, se volcaron a las vacas, a sacar leche y vender, luego la señora hizo un curso de quesos y tanto así que armaron una sala de ordeñe. Tienen los tanques de frío, hacen los quesos y hoy en día se están dedicando solamente a la elaboración y comercialización de quesos en Tapia, Colonia Berro”.

Según la analista, el Microcrédito está funcionando bien: “los montos que hay son adecuados para las líneas de crédito y las tres líneas de crédito (libre disponibilidad, vivienda y productivos) cumplen todas las necesidades de las familias hoy en día”. Sostiene que pensando en mejorar la herramienta, quizá sea bueno aumentar el monto de los créditos productivos.

 

El porcentaje de gente que no paga es muy bajo

Nelson Albernaz vive en la zona rural del este del departamento de Salto, en Guaviyú del Arapey. Hace nueve años que entró a trabajar en el Programa de Microcrédito Rural y lo hace en la zona este de Salto y el sur de Artigas. Cuenta que el crédito que más se usa es el productivo. El de vivienda comenzó a funcionar en 2011 y es menos conocido, pero se veía que era una necesidad: “Cuando entregan una vivienda de Mevir, son nada más que las habitaciones de la casa y a veces hace falta un depósito, un galponcito, y de otra manera no había posibilidad de hacerlo. Mucha gente lo hace con esos créditos. Arrancan con 12 mil pesos la primera vez, 18 mil la segunda, después 24 mil y hasta 30 mil que es lo que involucra el Microcrédito de Vivienda”.

El balance, según Nelson, es muy positivo: “Yo debo ir dando alrededor de 2 mil créditos y sólo hay siete u ocho créditos que no han pagado parcialmente. El porcentaje de gente que no paga es muy bajo”.

Nelson también comparte la historia de uno de los créditos que ofreció: “Uno de los casos más relevantes es el de un señor que se jubiló por enfermedad. No podía seguir trabajando en lo que él hacía y le dio por empezar a trabajar como albañil. Empezó con el crédito de 12 mil pesos y compró herramientas. Actualmente saca los créditos de 40 mil pesos para herramientas y tiene desde amoladoras, máquinas… y funciona muy bien, siempre está con trabajo y es su principal ingreso. Le cambió la vida al hombre. Vive lleno de trabajo, tiene mucha herramienta y trabaja solito… Ya ha sacado tres o cuatro veces el de 40 mil pesos”.

 

Un aprendizaje continuo

Verónica Gómez trabaja como analista del Microcrédito Rural desde hace 11 años. Está en la zona sur de San José, que abarca todo el eje de Ruta 1. De la jornada de capacitación, señala que “siempre hay un aprendizaje, porque esto es un aprendizaje continuo de lo que es la herramienta de Microcrédito”. Cuenta que en la zona donde trabaja, el Microcrédito se utiliza para rubros diversos: horticultura, lechería y en los pequeños poblados, hay muchas mujeres que solicitan el microcrédito para comprar herramientas para trabajar, como máquinas de coser, telas, etcétera. Según Verónica, la línea de refacción de viviendas también se utiliza mucho en el campo. “Cada historia es única y por lo general no tenés cosas negativas y vas viendo cómo crece la familia en todo sentido…”, cuenta. Recuerda especialmente el caso de una peluquera que solicitó el microcrédito para trabajar: “No tenía nada para empezar y pudo comprar su equipo de trabajo, el equipo para hacer las tintas. (…) Ella tiene dos hijos pequeños y empezó a trabajar en una pieza chica en la casa de un tío, luego se fue a alquilar y ahora está con su peluquería completa. Imaginate el ánimo que puede tener, de poder estar cumpliendo su sueño, lo que ella soñaba hacer”.

En cuanto a su trabajo, Verónica señala: “yo me siento una persona afortunada de estar haciendo esto. Me ha permitido criar a mis hijos en contacto permanente con ellos, en un vínculo muy estrecho y a la vez estar trabajando, estar haciendo lo que me gusta y ayudando al otro. La experiencia ha sido muy buena”.

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